Volvemos a resaltar con esta entrada la figura del ingeniero D. Federico Cantero Villamil porque, además de su incalculable aportación al aprovechamiento hidráulico de los ríos Duero, Esla y Duratón y los avances que consiguió en la generación y distribución de energía eléctrica, su pasión por la aviación le llevaría a ser el inventor del primer helicóptero español, la Libélula Española, y a contribuir con 33 patentes a la evolución de la aeronáutica. Hechos que por sí solos le hacen merecedor de ocupar un destacadísimo lugar en la historia de la aviación española, y que le podrían haber elevado aún más si un trágico suceso de nuestra historia no se hubiera interpuesto en su camino.
En julio de 1936 ya tenía el prototipo listo para iniciar los ensayos de vuelo, pero el estallido de la Guerra Civil provocó que las pruebas se paralizaran, para cuando ésta finalizó la falta de materiales y el aislamiento internacional que sufriría España supusieron un importante freno al trabajo de Cantero Villamil.
Mientras en España se sufría, al otro lado del Atlántico el ingeniero de origen ucraniano, Ígor Sikorsky, daba a conocer en 1939 el que se conocería a partir de entonces como el primer helicóptero monorrotor, el VS 300, adelantando a nuestra “Libélula”. En el número 52 de la revista Aviador, págs. 46-49, aparece un completo artículo sobre los avatares e historia de este ingenio, porque si los acontecimientos bélicos jugaron en contra de su puesta en marcha, su final no es menos desolador. El artículo está firmado por uno de sus nietos, Fernando Díaz de Aguilar Cantero.
Quiero agradecer a Isabel Díaz de Aguilar Cantero toda la información que nos ha aportado y resaltar su actitud, llena de entusiasmo pero rigurosa, con la que acomete todas las acciones que está llevando a cabo junto con su familia, para recuperar la vida y obra de D. Federico.
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